Con todo, eso no es aún lo peor. Llegamos ahora al núcleo
mismo de lo que en la industria del automóvil demuestra
la bestialidad y el absurdo del sistema capitalista que tenemos
la desgracia de padecer. Ese núcleo se llama obsolescencia
programada. Veamos: obsoleto se le dice a lo que está
anticuado y ha caído en desuso. Obsolescente es lo que
se ha deteriorado y ha perdido su eficacia y se está volviendo
obsoleto. En el caso que nos ocupa (el caso de la industria del
automóvil) la obsolescencia programada, planificada,
consiste en fabricar los coches de forma que se deterioren en
poco tiempo, que pierdan su eficacia y que se vuelvan obsoletos.
La bestialidad despilfarradora de la industria del automóvil,
su absurdo típicamente capitalista, consiste en que increíblemente
es la pura verdad el siguiente absurdo: el automóvil
es una máquina que cuesta centenares de miles o incluso
millones de pesetas y que está INTENCIONALMENTE, DELIBERADAMENTE
diseñada para tener que ser reemplazada cada treinta y
seis o cuarenta y ocho meses. Es cierto que los que compran
un automóvil "estiran" algo más la vida
del mismo que lo que programan sus fabricantes pero el hecho es
que el estudio de Ward's Communications que cité antes
fija el promedio global de edad de los seiscientos sesenta y dos
millones y medio de vehículos de motor que se hallan circulando
por el mundo en la actualidad en 6 años y medio (4 años
y 6 meses en Japón, 6 años y 4 meses en Europa y
7 años y un mes en Estados Unidos). El automóvil
es un continuo despilfarro insensato deliberadamente diseñado
para ser un despilfarro.
Richard A. Wright ha señalado el año 1924 como el
que separa la vieja de la moderna industria del
automóvil y a Alfred Sloan como el hombre que forzó
el cambio. Alfred Sloan dirigió la General Motors desde
1920 hasta que se retiró en 1955 y fue quien a su retirada
la dejó convertida en la primera empresa del mundo, en
el gigante dominador de la industria mundial "que no podía
equivocarse". Sloan configuró a la G.M. como fabricante
de una gama de productos compuesta por cinco modelos que iban
del más barato al más caro (Chevrolet, Buick, Oldsmobile,
Pontiac y Cadillac) para que sus compradores fueran ascendiendo
de modelo a medida que a lo largo de su vida iban aumentando sus
ingresos. El lema era: "un automóvil para cada bolsillo
y cada propósito".
Pues bien, 1924 fue el año en que Alfred Sloan introdujo en la práctica los criterios que durante los 30 ó 40 años siguientes configuraron la producción en masa como modelo de producción para la industria automovilística (y para toda la industria mundial en general, que los copió). Uno de esos criterios, el decisivo, el que tuvo más profundas y continuadas implicaciones para la industria del automóvil, fue el de la obsolescencia programada, el de la obsolescencia planificada, convenientementedisfrazado con el nombre de cambio anual de modelo. Se trataba de fabricar coches "nuevos" usando piezas de anteriores coches ("hermanos") de la misma G.M. pero que podrían ofertar nuevas características, nuevos rasgos distintivos, para cautivar a los consumidores y persuadirles para que cambiaran de coche. (23)
Una descarnada descripción de cómo ha hecho eso
la G.M. nos la brinda un competidor: Ian Iacocca, que ha sido
presidente de la Ford Motor Company y luego igualmente presidente
(y "salvador") de la Chrysler. En su insufriblemente
fatuo, vacuo, tópicamente yanqui, reaccionario y grotescamente
autocomplaciente libro Iacocca. Autobiografía de un
triunfador (firmado por él y por William Novak) cuenta
que: "sabíamos que la General Motors había
tomado el Corvair -un coche económico- convirtiéndolo
en el Corvair Monza -que se vendió a millares-, para lo
cual recurrió al simple expediente de añadirle algunos
accesorios deportivos, como asientos bajos y cóncavos,
una corta y recta palanca de cambio y un llamativo acabado interior". (24)
La revolución japonesa de la industria del automóvil, que desde los años sesenta de este siglo viene imponiendo a todos el abandono del modelo de producción en masa por el nuevo modelo de producción ajustada ("lean production"), ha acelerado aún más la obsolescencia programada: la vida media de los productos es ahora de cuatro años. (25)
Así es como nos encontramos conviviendo con (y amenazado el futuro del planeta por) el absurdo. Con un absurdo que es cifra y señal, síntoma y demostración de que el capitalismo es el más bestialmente absurdo sistema que ha padecido la humanidad. Con el absurdo del despilfarro irresponsable, con el absurdo del insensato despilfarro de materiales escasos e irremplazables del planeta que ya he subrayado antes y que encadena a la gente a gastar de forma absurda sus duramente ganados ingresos en beneficio de los fabricantes de automóviles.